Antolog�a de notas ligeras colombianas: �la �ltima posible? Maryluz Vallejo y Daniel Samper Pizano Antolog�a de notas ligeras colombianas Bogot�, Aguilar, 2011, 502 p. isbn: 978-958-704-966-4
La antolog�a de Samper y Vallejo evoca ese per�odo largo de la vida mundial en que los peri�dicos eran objetos f�sicos que se pod�an llevar debajo del brazo, hab�a que comprarlos para poder leerlos y su p�blico era pr�cticamente invisible, excepto por unas cuantas "cartas al director" de la secci�n editorial. Las notas ligeras eran (y siguen siendo) esos peque�os textos sobre temas no tan serios, a los que en algunos pa�ses y �pocas se los ha llamado cr�nicas, cr�nicas modernistas, cr�nicas literarias o art�culos.
En un bien documentado pr�logo, los autores anotan como caracter�sticas principales de estas piezas la brevedad, los ingredientes l�rico, humor�stico o ensay�stico, el estilo cuidado, la tem�tica ecum�nica, el aire intelectual, la subjetividad, la libertad formal, el esp�ritu urbano, alg�n amarre con la actualidad, cierta intenci�n moralizadora y el planteamiento de una tesis. La f�rmula no era muy distinta en �pocas del escritor Tom�s Carrasquilla, autor de abundantes notas ligeras, que alguna vez coment�:
Prescriben los maestros en el arte que el tal escrito ha de ser corto al par que animado y decidor, prescriben que no ahonde en el asunto; que no se meta demasiado en gravedades ideol�gicas; que al concepto e idea no se le d� solemnidad; que la forma sea elegante sin floreros y llana, sin ramploner�as; que todo est� a los alcances del iletrado y al gusto del entendido. Pretenden, en suma, que ello resulte algo as� como un juguete sin mec�nica compleja, cual joya que no sea abalorio ni pedrer�a. Total: una gentileza entre veras y chanzas.
Cuando los peri�dicos tradicionales empezaron a aparecer en l�nea y se crearon los foros de los lectores, tal vez la secci�n que recibi� un impacto mayor fue la de opini�n. Columnistas que llevaban d�cadas escribiendo sobre muchos temas con ninguna o escasa respuesta del p�blico empezaron a recibir todo tipo de mensajes, la mayor�a de las veces infundados e insultantes.
Una antolog�a como esta, basada en revisi�n de prensa f�sica, quiz�s sea la �ltima posible. Quien quiera encontrar tal tipo de textos en el futuro deber� tener en cuenta los miles de blogs disponibles en la red, m�s que las columnas de los medios impresos, donde parecen predominar los temas relacionados con la complicada actualidad. El "notaligerismo" del siglo XXI se lee m�s en pantalla que en papel, es gratis y permite comentarios de los lectores. Adem�s, la electr�nica pr�cticamente duplic� la cantidad de autores: una revisi�n somera por internet revela que a finales de abril del 2011, medios colombianos como El Tiempo, Semana, El Espectador, El Colombiano y El Pa�s albergan a unos 300 columnistas habituales y no menos de 280 blogs. Si cada uno de estos autores publica en promedio una nota quincenal, la cifra potencial de notas sobrepasa las quince mil por a�o.
Un universo sin duda inmenso, pero eso no quiere decir que Vallejo, veterana investigadora de la historia del periodismo colombiano, y Samper, que ya va por su tercera o cuarta antolog�a, hayan tenido una tarea f�cil. Su libro abarca textos publicados desde 1891 hasta el 2009 y refleja seis tradiciones regionales colombianas. Algunos de los autores rese�ados publicaron columnas durante treinta y hasta cuarenta a�os.
Las notas, tres o cuatro por cabeza, est�n ordenadas cronol�gicamente, lo cual es un acierto, porque el lector puede ir sintiendo el transcurso de la historia menuda del pa�s, reflejada en las plumas de casi setenta firmas, desde Jos� Asunci�n Silva y Luis Tejada hasta Pascual Gaviria y Juan Jos� Hoyos, pasando por Alberto Lleras Camargo y Porfirio Barba Jacob.
Quiz�s m�s de un lector se sorprenda al encontrar textos de Ram�n Vinyes, a quien cre�amos un personaje inventado por Garc�a M�rquez, y tal vez alguno descubra que Alfonso Bonilla Arag�n era un periodista de verdad, y no el constructor del aeropuerto de la ciudad colombiana de Cali. Pero como sabe todo el que se mete a confeccionar listados, siempre habr� aplausos por coincidir con los gustos ajenos y reclamos por incluir u omitir algunos nombres. En mi n�mina habr�an figurado, por ejemplo, Gustavo �lvarez Gardeaz�bal, Roberto Posada Garc�a-Pe�a (D'Artagnan), Luis No� Ochoa y tambi�n Mario Fernando Prado y Julio C�sar Londo�o, los dos �ltimos por su trayectoria en El Pa�s, de Cali. Y en cuanto a los excluibles, no me habr�a tomado el trabajo de encontrar notas ligeras entre los centenares de sesudos y bien escritos textos de Enrique Santos Calder�n y por la misma raz�n habr�a dejado por fuera a Antonio Caballero.
En cuanto a los temas, llama la atenci�n la constante preocupaci�n de los articulistas, a lo largo de los casi 120 a�os del per�odo rese�ado, por los animales callejeros, la dieta, la moda, el esnobismo y algunos rasgos de la hoy llamada "cultura popular", como el deporte y los personajes urbanos. Sin embargo, es posible que se trate de sesgos normales y entendibles de quienes adelantaron el proceso de selecci�n.
El libro es altamente recomendable, pese a que la edici�n de Aguilar presenta muchos errores de imprenta y una car�tula poco atractiva. Se quedan en la memoria unos polluelos de fais�n que cruzaban una calle de Nuevo M�xico, cortes�a de Fernando Garavito; el masoquismo de Enrique Santos Montejo con su peluquero; una pelea de �ngela �lvarez V�lez con un brownie; y, sobre todo, la ins�lita queja de Juan Crist�bal Mart�nez, en 1955, por la serie period�stica del "relato angustioso, repelente y soso" del n�ufrago Luis Alejandro Velasco, que a�os m�s tarde se convirti� en un famoso libro de Gabriel Garc�a M�rquez.
[Author Affiliation]
Jos� V. Arizmendi C.
Decano Acad�mico
Facultad de Comunicaci�n y Lenguaje
Pontificia Universidad Javeriana
Bogot�

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